lunes, 20 de abril de 2015

MACRISTINA



Faltan pocos meses para las elecciones. Las cartas están echadas sobre la mesa. No hay vuelta atrás. Scioli, Macri y Massa, de ahí no sale. Ni el progresismo de Stolbizer, ni Altamira, ni los trenes de Randazzo ni mucho menos las entrevistas a Máximo. La cosa es de a tres y no hay espacio para otro.

La calle habla: “Gana el candidato de Cristina”, “Gana un peronista”, “Sin peronismo no hay estabilidad”. Pero no se equivoque usted que está ahí con su tablet o su computadora. El candidato de Cristina Fernández de Kirchner, no es peronista, es del PRO y su nombre es Mauricio Macri.

Sorpresivamente, ya no hay más casos de escuchas, no hay más “finos” Palacios, los informes de TVR, 678 y Spolski vienen en versión Levite light y lo que se dice del PRO está vinculado a la innecesaria interna que el propio Macri  detonó después de su ataque de verticalidad digno de un caudillo del interior.

Macri, que siempre gozó de protección mediática por parte de los medios opositores, ya no es más el blanco de la prensa oficialista, y si a esto le sumamos el eterno e inexplicable blindaje mediático de Scioli, el único perjudicado en este entramado político es, Sergio Massa.

Cristina es consiente que con Scioli o Massa en el poder, sus chances de volver a la rosada serán nulas, ya que perdería  automáticamente todo el aparato del PJ. La historia habla por sí sola. Salvo el  General Perón, todos los ex presidentes justicialistas se perdieron en el olvido después de dejar el poder. Camporá, Isabelita, Menem, Duhalde ¿Cristina? La traición es moneda corriente en el peronismo.  Vandor traicionó a Perón, “El General”  a los Montoneros, Menem a Duhalde y Kirchner a Duhalde. ¿Y por estos tiempos?... “La Campora”, Máximo y el círculo más cercano a la presidenta, desconfían de Scioli a quien ven como al huevo de la serpiente. No bastaron los doce años de fidelidad del ex motonauta al binomio, Cristina-Néstor.


Scioli se banco todo y en innumerable cantidad de ocasiones. Ganchos, crochets, voleas, patadas voladoras y aun así, el ex vicepresidente espera el guiño oficialista. A seis meses de las elecciones presidenciales parece imposible que los mismos que lo criticaron por las inundaciones de La Plata, la inseguridad y las interminables paritarias docentes, hoy le den el visto bueno.

Cristina ya probó a Máximo y a Randazzo en el universo de las encuestas y los resultados no fueron suficientes para continuar con el proyecto con alguien del “núcleo duro kirchnerista”. Por tal motivo, el mejor escenario para la actual presidenta, post 10 de diciembre sería  el de Macri como presidente ya que esto la catapultaría como líder indiscutida de la oposición con una imagen positiva del 50%.

Ya nada sorprende en la carrera presidencial. Los medios, las encuestadoras y el ejecutivo, están polarizando el campo de batalla electoral. Los  constantes ninguneos a la figura de Sergio Massa quien en los últimos meses pasó de tener 31 % de intención de voto a los 22 % actuales, tienen como fin promover una elección entre Scioli y Macri.

El líder del Frente Renovador, encabeza por amplio margen varias encuestas (Ipsos y Carlos Fara) sin embargo, en los medios de comunicación, la encuestadora Poliarquía de Sergio Berensztein parece ser palabra santa al ser mencionada una y otra vez como si fuese una verdadera boca de urna. Casualmente, no es menor que dicha encuestadora ubique al tigrense lejos del gobernador bonaerense y del Jefe de Gobierno porteño.


Por lo tanto, con este bombardeo mediático oficialista  al Frente Renovador, los indicios apuntan a que Cristina Kirchner optara por la figura de Mauricio Macri como sucesor, quien tras el acuerdo con el radicalismo y Reutemann está conformando lentamente un frente nacional para poder enfrentar a la estructura del PJ. Esta situación, de un peronismo dividido y en su defecto, debilitado, incrementaría las posibilidades de una segunda vuelta en la que CFK y sus allegados creen que beneficiaría a Macri.


Dentro del círculo presidencial  consideran que un hipotético gobierno macrista de corte liberal y sin mayoría parlamentaria estaría obligado a devaluar, ajustar y equilibrar el déficit fiscal. Dichas acciones desembocarían en un malestar social que podría provocarle al gobierno de del ex presidente de Boca, un adelantamiento de las elecciones presidenciales en 2017, que ubicaría a Cristina como única alternativa natural.

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