jueves, 31 de diciembre de 2015

Volver a ser

Termina el año para el campeón de América y ahora la mente esta puesta en un 2016 plagado de grandes desafíos tanto en el plano local como en el internacional. El Millo tendrá el doble reto de reinventarse y buscar repetir lo hecho en el 2015 donde se consagró por triplicado a nivel continental.

River despide un 2015 lleno de alegrías y momentos gloriosos que muy difícilmente se olvidarán en el imaginario colectivo riverplatense. Libertadores, el abandono xeneixe, la Recopa contra San Lorenzo y la Suruga Bank en Japón ya son parte de la rica historia Millonaria que se agigantó con la llegada del Muñeco Gallardo a Núñez.

Como es costumbre en este costado del mundo, los éxitos colectivos e individuales generan que los futbolistas tengan que emigrar a otras ligas ante las irresistibles condiciones económicas que tanto Europa como México ofrecen. La imposibilidad de competir económicamente contra las mencionadas federaciones han generado que el Más Grande haya perdido figuras claves del plantel Campeón de América como Carlos Sánchez, Teo Gutiérrez, Matías Kranevitter, Ariel Rojas, Ramiro Funes Mori y posiblemente Marcelo Barovero.

River y Gallardo que en el 2016 tendrán la dura tarea de generar un equipo prácticamente de cero, afrontarán en la temporada que viene un total de cuatro torneos de los cuales dos son locales y los otros dos internacionales. En el plano domestico La Banda buscará lograr su título número 36 en el nuevo campeonato de dos zonas y la vez irá por la Copa Argentina que todavía sigue ausente en las vidrieras de Núñez.


En tanto al ámbito continental que se ha vuelto una especialidad para el Muñeco, River intentará repetir lo hecho en la pasada Libertadores y a su vez bicampeonar en la Recopa Sudamericana que tendrá lugar posiblemente el próximo Agosto frente al Independiente Santa Fe de Colombia. No caben dudas que lograr el éxito del 2015 será difícil de repetir pero con el Muñeco en el banco … todo es posible.

Gran año del Cine Nacional


Se acerca otro fin de temporada y el séptimo arte argentino tiene sobrados motivos para festejar. El cine nacional que este año rompió record de taquillas de la mano de títulos como “El Clan” de Pablo Trapero (1.100.000 espectadores), “Abzurdah” de Daniel Goggi (783.000), “Sin hijos” de Ariel Winograd (481.000) y “Papeles al viento” de Juan Taratuto (382.000) sigue mejorando en cantidad y calidad generando un efecto derrame en las salas que cada vez cuentan con más adeptos a la pantalla grande argenta.

Este 2015 que empezó con la difícil misión de mejorar la performance del buen 2014 (“Relatos Salvajes”, “El misterio de la felicidad” y “Betibu”) deja un saldo muy positivo en el nivel de las películas y su repercusión en el público que paulatinamente le está tomando cariño a lo propio. 

Si bien el Cine nacional esta años luz de recaudar lo que las superproducciones norteamericanas facturan (Solo “Minions” convoca más que todas las nacionales juntas), la sociedad argentina de a poco está comenzando a mirar con menos recelo el producto nacional que antiguamente carecía de protagonismo en las salas. Hoy en día el éxito comercial de una película nacional ya no depende del protagonismo de Ricardo Darin, Hector Alterio o Luis Brandoni por lo que el presente escenario es más que alentador.

Cantidad y calidad es lo que hoy el cine argentino ofrece a sus espectadores y eso se nota en la percepción del público. Actualmente, es más fácil escuchar en una charla de asado con amigos expresiones como “Muy buena la última de Trapero”, “Como me reí con Piroyanski” y “Mírate la última de Peretti” que las nefastas frases hechas de “No me gusta el cine nacional” y “Solo veo las de Darin”.

A las ya mencionadas películas argentinas que han convocado a cientos de miles de espectadores debemos agregar cintas de no tanta repercusión pero de un nivel artístico notable que surgieron en este 2015. “Voley” del actor y director Martin Piroyanski, viene a rellenar el formulario de película cómica que desde “Tiempo de valientes” nadie completó; “El patrón, radiografía de un Crimen” de Sebastian Schindel nos cuenta en un drama policial de manera explícita las miserias y explotaciones laborales que un santiagueño (Joaquín Furriell) debe padecer; “El Incendio” de Juan Schnitman nos deja sin respiro en un drama psicológico de pareja con una atmosfera igual de tensa a la de “El asaltante” de Pablo Fendrik y “Showroom” de Fernando Molnar devela la difícil situación de volver a empezar a los 50 en una sociedad que impone como modelo de vida el éxito económico y material. 

Sin dudas este es el camino que hay que seguir para no volver a décadas cinematográficamente pobrísimas como la del 90 y continuar devolviéndole al Cine nuestro el brillo que alguna vez tuvo y debería volver a tener. Este nuevo gobierno y el INCAA (y sus decenas de casos de corrupción) deberán mantener esta constante para no regresar a los viejos tiempos del “Somos actores queremos actuar”.