Desde la infancia hasta mis
todavía veintiocho, siempre que se acerca un nuevo cambio de gobierno, se me
genera un espíritu de esperanza e
ilusión respecto a los rumbos de la nación. Puede ser que sea por inocencia
cívica o por simple curiosidad ciudadana, lo cierto es, que una nueva gestión
al mando de los destinos del país no es indiferente a mi persona.
La historia contemporánea en “líneas
generales” me ha defraudado. De la Rua con el fin de la fiesta menemista, Duhalde
con su Argentina condenada al éxito y Néstor con su “país en serio”, fueron uno
de los tantos lemas de campaña que forman parte de mi colección de
frustraciones políticas.
A diferencia de las anteriores
campañas, en este año de vientos de cambio, mis expectativas e ilusiones sobre
el futuro cercano son prácticamente nulas. Dicho sentimiento pesimista y
sombrío, está basado en la altísima intención de voto del candidato,
oficialista-opositor-progre-conservador, Daniel Osvaldo Scioli.
Resulta tragicómico, que un
candidato sin ideología, carente de propuestas e ideas, amigo de dios y del
diablo, con una gestión provincial desastrosa, tenga una popularidad cercana al
40%.
Ya no hacen falta gestión,
valores y convicciones políticas para ser presidente, hoy con ser amigo de
todos y resistir los embates de propios y ajenos ya es suficiente para calzarse
la banda presidencial.
Si partimos de la base que el
próximo presidente será Macri, Scioli, Massa o Randazzo, paradójicamente el
mejor posicionado en las encuestas es Scioli, quien carece de gestión alguna en
la provincia de Buenos Aires, aunque vale recordar que todos los candidatos
tienen sus pros y sus contras en la administración de cargos públicos.
Macri, que a pesar de tener una
ciudad dividida a la italiana entre un norte cada vez más rico y un sur cada
vez más pobre, tiene entre sus palmares, la exitosa gestión como presidente de
Boca. A nivel político la creación de la policía metropolitana, el metrobus, la
lavada de cara de la ciudad y un sistema educativo deficitario pero aprueba de
paros docentes avalan su gestión porteña.
Massa - como intendente de Tigre - revalorizó la ciudad, la convirtió en un destino turístico por excelencia sin
olvidar su gestión en la ANSES que actualmente es la gallina de los huevos de
oro del estado.
Randazzo - con el apoyo del
ejecutivo- realizó la inversión ferroviaria más importante de los últimos 50
años y reformó magistralmente el sistema de renovación de documentos y
pasaportes que de seis meses de espera pasó a solo cuarenta y ocho horas de trámite.
Por otro lado dentro de los
pergaminos de Scioli, en la provincia de Buenos Aires podemos destacar, el
estado holocaustico de las rutas, la incesante inseguridad, los astronómicos
impuestos provinciales, la falta de inversión en infraestructura anti-inundaciones
y las maratónicas paritarias docentes.
Es aquí, donde radica mi pesimismo
de cara a lo que viene, en saber que la población está dispuesta a otorgarle
los destinos de nuestro país a una persona híbrida en lo ideológico y carente
de gestión.
La justificación que uno puede
llegar a encontrar a este inexplicable fenómeno, es la protección mediática que
el ex motonauta posee por parte de todos los medios de comunicación. Clarín, Tiempo
Argentino, La Nación, Ámbito Financiero y hasta Página 12, blindan al
gobernador bonaerense de toda crítica negativa.
Para pasar todo esto en limpio y
que usted no se mareé, lamento decirle que Scioli será el próximo presidente de
la nación, ya que es el único candidato que garantiza el actual Statu Quo:
Buena relación con Clarín, kirchneristas de todos los signos manteniendo sus puestos
publicos y un peronismo federal con más protagonismo. En síntesis, todos
felices.
Resta preguntarse el rol de
Cristina en lo que viene y si realmente Scioli es continuidad o simplemente un
mal menor. ¿Si el candidato es el “Proyecto” como aboga el kirchnerismo
actualmente, por qué CFK no se inclina de una vez por todas por Randazzo? La
razón es que una hipotética derrota de Randazzo contra Scioli en las PASO,
sería un duro golpe político para la primera mandataria ya que no hay nadie más
emparentado con CFK que el chivilcoyano.
El Frente para la Victoria seguirá en el poder, esta
vez con un hombre surgido del menemismo, y con pasado Duhaldista. Ya lo dice el
lema del “Frente para la victoria”… la victoria por sobre todas las cosas.



