La semana pasada se han cumplido veinticinco años de uno de los goles más importantes de la historia de la selección argentina en copas del mundo. Lamentablemente, por una cuestión cronológica no tuve la suerte de ser testigo consciente de aquel gol del “Cani” a Taffarel en el mundial de Italia 90 ya que sólo tenía tres años y nueve meses de vida.
Según cuentan los testigos televisivos y radiales de aquel partido en Turin, dicho gol está entre los más celebrados de la Patria futbolera argentina, casi al mismo nivel del tanto del Diego a los ingleses en México 86.
Ahora bien, si partimos de la base de que un gol de por sí lleva una carga emotiva condicionada por el contexto, la previa, el desarrollo del partido y la rivalidad con el adversario, el tanto de Caniggia a Brasil es amplio merecedor de un podio en el imaginario colectivo futbolero.
Redes sociales, radios, canales de TV y otros medios se han hecho eco de las bodas de plata del gol que dio nacimiento al hit “Decime que se siente”.
Lo curioso y llamativo con respecto a este acontecimiento, es la relevancia del mismo por sobre otros momentos futbolísticos ampliamente más importantes que un gol en octavos de final.
¿Es más importante un gol en octavos de Mundial, que el tanto de Kempes a los holandeses? ¿Por qué no hay efemérides o rebote mediático del gol de Burruchaga a Alemania en la final del 86?
Dicha particularidad futbolera me hizo entender que la instancia, el minuto y el desenlace del partido no siempre son determinantes a la hora de liberar este orgasmo futbolero, y que en mi caso personal, la alegría pueda llegar a producirse sin la Selección o River como principales protagonistas.
Estos son los 7 goles que más festejé en mi vida:
7 - Viafara a Boca
Mediados de 2004, en mi último año del secundario, solo tenía dos cosas en mente “Bariló, Bariló” y que Boca deje de ganar de una vez por todas. “Boca campeón de América”,”Boca campeón del Mundo”, estaba cansado de “Boquita”, y a este sentimiento Antixeneize se le sumaba la histórica derrota de la Libertadores en semifinales por penales en un Monumental con setenta mil hinchas de River y sin público visitante.
Boca estaba en la final de la Libertadores, y todos los caminos conducían a otra corona internacional, otra vez Japón, otra vez “Boquita” en la cima del mundo, y otra vez naturalmente ... las gastadas. Afortunadamente, para mí por entonces sentimiento antiboca, el equipo liderado por Bianchi, perdió por penales la final de la Libertadores ante un desconocido y subestimado, Once Caldas de Colombia.
Jhon Viafara fué quien desató con un bombazo de afuera del área mi alegría momentánea, previa a la definición por penales que tendría como héroe al arquero Juan Carlos Henao.
6 - Trezeguet a A Brown
Ocho años después del gol de Viafara a Boca, mi situación personal me coloca en la capital del capitalismo, Londres. Sin TV, lejos de la familia, los afectos, y con una conexión a internet paupérrima, la vida me demuestra que lo más impensado puede llegar a hacerse realidad: ver un partido de River jugando en el Nacional B nada menos que en la capital de Inglaterra.
Después de un primer tiempo para el olvido como en casi toda la “Operación retorno”, Trezeguet después de haber marcado un gol dos metros adelantado, convirtió a minutos del final uno de los goles más dramáticos de mi vida como hincha de River. Estábamos en la A ISABEL!
5 - Maradona a Grecia
El mundial de EE.UU 94 marcó el inicio de mi relación masoquista con la selección argentina. Con apenas siete años, no entendía mucho de fútbol (tampoco hoy), pero veía a todo el mundo hablando del equipo de Basile, de la puesta a punto del Diego, del Bati y de ese medio campo maravilloso conformado por Redondo, Simeone y el “10”. Ver a Maradona entrenando en la Pampa a lo Rocky Balboa en Rusia y observarlo hacer jueguitos con una pelota de Ping Pong, me provocaba una ilusión infinita a pesar de ni siquiera saber quién o qué era Maradona en esos tiempos.
El tiki-tiki en el borde del área y el cañonazo al ángulo del “Pelusa” causaron en mí una especie de asombro con mezcla de algarabía. Ahí, estaba él, la leyenda viva, el héroe del que todo el mundo hablaba maravillas, convirtiendo un gol en su vuelta a las copas del mundo. Desgraciadamente, la FIFA y la maldita efedrina nos dejaron sin capitán, ni mundial.
4 -Sami Ckoufur a Boca
2001, crisis, caos, corralito, represión y un estallido social sin precedentes se situaban en los alrededores de la turbulenta realidad argentina. El pueblo necesitaba una alegría. Y para variar, ahí estaba “Boquita” nuevamente en Japón.
2001, crisis, caos, corralito, represión y un estallido social sin precedentes se situaban en los alrededores de la turbulenta realidad argentina. El pueblo necesitaba una alegría. Y para variar, ahí estaba “Boquita” nuevamente en Japón.
Después de otra interminable clase de Matemática, con Pitágoras y los catetos como protagonistas, el colegio técnico de mi Charata se paralizaba en sus actividades para dar inicio a la visualización de la Final Intercontinental entre Boca y el Bayern.
Luego de un empate donde alemanes y argentinos no se sacaron demasiadas ventajas, consideré que debía tomar la decisión de retirarme del aula mayor donde se transmitía el partido tras recibir insultos, agravios y agresiones de la parcialidad boquense hacia mi persona debido a mi efímero apoyo al equipo alemán.
Corrí a toda prisa hasta el kiosco del colegio, para ver la prórroga. Corner para el equipo de Munich, carambola en el área. Gol de Ckoufur. Por primera y única vez me ratié del cole y fuí hasta mi casa ubicada a menos de 300 metros del establecimiento. Entré a mi habitación y sin pensarlo dos veces abrí mi cajón porta pirotecnia. Tronadores, triangulitos, rompe portones y petardos b-52 que tenían como fin ser detonados en Navidad y año nuevo, cumplíeron su propósito con un mes de antelación.
3 – Maxi a Holanda
¿Qué decir de este gol? No sé si algún día tendré la posibilidad de ver una definición por penales de tal envergadura. El relato habla por sí mismo. Sobran las palabras.
2 – Di Maria a Suiza
Martes 1 de Julio de 2014. Argentina había jugado una zona de grupos, horrible. El miedo al ya acostumbrado papelón con la selección estaba siempre a la vuelta de la esquina. Los suizos no dejaban entrar ni un grupo comando Swat. Palacio la roba en el medio del campo, el ex Boca (era por abajo), se la da a Messi que tras realizar una jugada maradoniana, deja a Di Maria con perfil invertido frente a Benaglio. Este fue el gol que más celebré en mi vida con la selección argentina. Lágrimas, insultos al aire, golpes a los almohadones del futon, provocaron asombro y estupor entre mis compañeros ingleses que consideraban al futbol "Just a game".
1 – Nasuti a Boca
Y si ... es lo que hay. El gol que más celebré en mi vida no tuvo un final feliz. Son las cosas del futbol, por eso , este deporte es único e inigualable. Nada tiene lógica
Semifinales de la Copa Libertadores del 2004, River vs Boca, partido de vuelta. El gol de Palermo seguía presente en la memoria de los hinchas millonarios que lo habían sufrido cuatro años antes. Era el momento de tomarse revancha y nada menos que en el Monumental con un pleno de hinchas riverplatenses. La semana previa había sido muy difícil. Nervios, sueños premonitorios, sudoración en las manos fueron algunos de los síntomas que dicho encuentro me provocaba.
El partido de comienzo a fin tuvo todos los ingredientes de un thriller de David Fincher . Expulsiones, goles, lesiones, incidentes, peleas, insultos, parates. El encuentro caía en un terreno llano donde nadie quería arriesgar y los penales eran el mejor negocio entre ambos cuadros. De repente, una jugada aislada de Cángele por la izquierda deja a Tevez frente a Lux que la clava en un costado. Fue el baldazo de agua fría mas grande de mi carrera como hincha, casi al mismo nivel del gol de Goetze. No tenía fuerzas, mi tristeza y desilusión fueron tremendas en ese momento.
A minutos del final un tiro libre de Cavenaghi, que pasó por todas las piernas presentes en el área de Boca, recae increibilemente en el juvenil Nasuti que con más suerte que eficacia descolocó al "Pato" Abbondanzieri.
Nunca grité tanto un gol en toda mi vida, la sensación de volver de las cenizas cuando todo estaba perdido fue una sensación que de sólo recordarlo se me eriza la piel. Lloré, grite e incluso me abrace con mi hermana que con solo trece años me estaba acompañando en ese partido y que sin saber de futbol me pregunto "¿Salieron campeones ? ".
A más de una década de aquella conquista en el Monumental, ni el penal fallado por Maxi López ni la incapacidad de Lux para adivinar los disparos, borrarán de mi memoria, el éxtasis futbolero más importante de toda mi vida. Eternamente gracias "Tano"
