Faltan pocos meses para las elecciones.
Las cartas están echadas sobre la mesa. No hay vuelta atrás. Scioli, Macri y Massa,
de ahí no sale. Ni el progresismo de Stolbizer, ni Altamira, ni los trenes de Randazzo
ni mucho menos las entrevistas a Máximo. La cosa es de a tres y no hay espacio
para otro.
La calle habla: “Gana el
candidato de Cristina”, “Gana un peronista”, “Sin peronismo no hay estabilidad”.
Pero no se equivoque usted que está ahí con su tablet o su computadora. El
candidato de Cristina Fernández de Kirchner, no es peronista, es del PRO y su
nombre es Mauricio Macri.
Sorpresivamente, ya no hay más
casos de escuchas, no hay más “finos” Palacios, los informes de TVR, 678 y
Spolski vienen en versión Levite light y lo que se dice del PRO está vinculado
a la innecesaria interna que el propio Macri
detonó después de su ataque de verticalidad digno de un caudillo del
interior.
Macri, que siempre gozó de
protección mediática por parte de los medios opositores, ya no es más el blanco
de la prensa oficialista, y si a esto le sumamos el eterno e inexplicable
blindaje mediático de Scioli, el único perjudicado en este entramado político es,
Sergio Massa.
Cristina es consiente que con Scioli
o Massa en el poder, sus chances de volver a la rosada serán nulas, ya que
perdería automáticamente todo el aparato
del PJ. La historia habla por sí sola. Salvo el
General Perón, todos los ex presidentes justicialistas se perdieron en
el olvido después de dejar el poder. Camporá, Isabelita, Menem, Duhalde ¿Cristina?
La traición es moneda corriente en el peronismo. Vandor traicionó a Perón, “El General” a los Montoneros, Menem a Duhalde y Kirchner a
Duhalde. ¿Y por estos tiempos?... “La Campora”, Máximo y el círculo más cercano
a la presidenta, desconfían de Scioli a quien ven como al huevo de la
serpiente. No bastaron los doce años de fidelidad del ex motonauta al binomio,
Cristina-Néstor.
Scioli se banco todo y en
innumerable cantidad de ocasiones. Ganchos, crochets, voleas, patadas voladoras
y aun así, el ex vicepresidente espera el guiño oficialista. A seis meses de
las elecciones presidenciales parece imposible que los mismos que lo criticaron
por las inundaciones de La Plata, la inseguridad y las interminables paritarias
docentes, hoy le den el visto bueno.
Cristina ya probó a Máximo y a Randazzo
en el universo de las encuestas y los resultados no fueron suficientes para
continuar con el proyecto con alguien del “núcleo duro kirchnerista”. Por tal
motivo, el mejor escenario para la actual presidenta, post 10 de diciembre sería el de Macri como presidente ya que esto la catapultaría
como líder indiscutida de la oposición con una imagen positiva del 50%.
Ya nada sorprende en la carrera
presidencial. Los medios, las encuestadoras y el ejecutivo, están polarizando
el campo de batalla electoral. Los
constantes ninguneos a la figura de Sergio Massa quien en los últimos
meses pasó de tener 31 % de intención de voto a los 22 % actuales, tienen como
fin promover una elección entre Scioli y Macri.
El líder del Frente Renovador, encabeza
por amplio margen varias encuestas (Ipsos y Carlos Fara) sin embargo, en los
medios de comunicación, la encuestadora Poliarquía de Sergio Berensztein parece
ser palabra santa al ser mencionada una y otra vez como si fuese una verdadera
boca de urna. Casualmente, no es menor que dicha encuestadora ubique al
tigrense lejos del gobernador bonaerense y del Jefe de Gobierno porteño.
Por lo tanto, con este
bombardeo mediático oficialista al
Frente Renovador, los indicios apuntan a que Cristina Kirchner optara por la
figura de Mauricio Macri como sucesor, quien tras el acuerdo con el radicalismo
y Reutemann está conformando lentamente un frente nacional para poder enfrentar
a la estructura del PJ. Esta situación, de un peronismo dividido y en su
defecto, debilitado, incrementaría las posibilidades de una segunda vuelta en
la que CFK y sus allegados creen que beneficiaría a Macri.
Dentro del círculo
presidencial consideran que un hipotético
gobierno macrista de corte liberal y sin mayoría parlamentaria estaría obligado
a devaluar, ajustar y equilibrar el déficit fiscal. Dichas acciones
desembocarían en un malestar social que podría provocarle al gobierno de del ex
presidente de Boca, un adelantamiento de las elecciones presidenciales en 2017,
que ubicaría a Cristina como única alternativa natural.