jueves, 29 de octubre de 2015

Fuego amigo


Hace unos meses escribí un artículo llamado “Macristina” en donde en líneas generales postulaba que la actual presidenta de la Nación, Cristina Fernández, tenía intenciones indirectas de impulsar a Macri como jefe del ejecutivo nacional por sobre el mismísimo Daniel Scioli. Esta teoría inicial estaba basada en una creencia personal que me hacía suponer que Cristina quedaría mejor posicionada políticamente en un rol de opositora natural que en uno de ex presidenta sin el poder del aparato peronista en manos del sciolismo. 

Al igual que en 2011, Cristina en esta campaña fue la encargada de diagramar toda la estrategia electoral a gusto y piacere sin ninguna injerencia del verdadero protagonista de esta película que es Daniel Scioli. CFK eligió su candidato a vice, su lista de diputados, su gobernador bonaerense y hasta su rival Mauricio Macri por sobre el tigrense Sergio Massa. 

A lo largo de la campaña, CFK no solamente tomó malas decisiones en el armado de las listas (Zannini y Aníbal) sino que a diferencia del 2011 falló claramente en la tonalidad de su discurso y en el desmedido protagonismo mediático que tanto irrita a la clase media. En las elecciones de 2011, la presidenta mostró en las vísperas de su reelección una oratoria dialogante con un perfil bajo que le terminó dando más del 54 % de los votos. Sin embargo este año, la ex senadora de la provincia de Santa Cruz ya sea por falta de tacto, divismo, mala interpretación del contexto electoral y hasta cierta nostalgia, le terminó directamente embarrando la cancha a su propio candidato con más de 40 cadenas nacionales y un tono discursivo altamente confrontativo que ya provocó hartazgo en gran parte de la sociedad.

A esta altura, nadie puede negar la lucidez e inteligencia de la primera mandataria a lo largo de toda su carrera ya sea como senadora o presidenta. ¿Cómo olvidar aquellos discursos en la ONU o en la apertura de sesiones legislativas de más de cuatro horas explicando los logros y desafíos del gobierno sin un solo apunte? Por tal motivo, cuesta entender cómo Cristina en su rol de líder absoluta del partido no pudo ayudar a Scioli apartándose del escenario electoral para que el ex motonauta pueda llegar a cosechar los necesarios votos de la clase media.

Scioli debe perforar la barrera de los 37 puntos para poder tener alguna chance en este escenario adverso donde todo indica que Macri tiene las de ganar. El gobernador bonaerense que ni siquiera fue nombrado por Cristina en su último discurso de más de tres horas, deberá distanciarse de la presidenta si quiere realmente seducir a una clase media que ya parece tener una decisión irrevocable.

La teoría del “fuego amigo” instaurada por Aníbal Fernández después de perder la provincia frente a María Eugenia Vidal también es trasladable al ámbito nacional, si tenemos en cuenta que la propia Cristina en cadena expresó que la aplicación del 82% móvil era una propuesta demagógica horas después que el propio Daniel Scioli la había propuesto en su plan de gobierno.

Una de las armas de seducción electoral que tuvo el sciolismo durante todos estos años fue la capacidad de convencer sin decir, algo que por más contradictorio que suene le dio la oportunidad a Scioli de ser candidato a presidente dejando en el camino a Florencio Randazzo. El romance del gobernador bonaerense con gran parte del electorado estaba fundado en la eventual ruptura de Scioli con la presidenta de la Nación, algo que hasta el día de hoy no ocurrió.

Su ausencia al debate, el ninguneo interno de su propio partido, el viaje a Italia en medio de las inundaciones de Luján, su desastrosa gestión provincial y la falta de autonomía frente al “Cristinismo” dejaron a Scioli en una situación muy difícil de revertir a pocos días de la gran final. 

En las últimas, semanas el ex motonauta ha intentado acercarse a los temas de agenda impuestos por el Massismo y la clase media, al prometer en su potencial gobierno medidas como el 82% móvil, la inclusión de las fuerzas armadas en el control de las fronteras y la eliminación de las retenciones al campo. Claro está que solamente con los votos kirchneristas no alcanza para llegar al sillón de Rivadavia y es por tal motivo que Scioli intenta desesperadamente acercarse al deseado y necesario voto massista.

Sobre el final de la carrera presidencial, Scioli deberá mostrar esa rebeldía que gran parte de su entorno le pide y de una vez por todas mostrar todas las cartas arriba de la mesa. Mientras tanto, Cristina esperará en el Calafate por una victoria que le de todo el aparato peronista y el poder de medio senado que sólo un triunfo de “Cambiemos” le garantizará.