martes, 31 de marzo de 2015

Cipayos Futbolisticos


Marzo de 2015, siete meses después, definitivamente estoy en condiciones de decir que la herida no cierra, ni cerrará en el corto plazo. Ni los campeonatos sub 20 en Uruguay, ni cuatro hipotéticas Libertadores consecutivas  con River, ni la Copa América, ni los feriados largos, ni los precios cuidados, ni una medalla olímpica en Brasil, podrán cicatrizar esa final perdida con Alemania aquel domingo 13 de Julio de 2014 en el Maracaná.

Pasan y pasan los meses y la sensación sigue siendo la misma, está intacta, fresca, presente y cuando uno lentamente se olvida de aquel fatídico día, de repente algún protagonista ya sea del vencedor o del lado vencido declara algo que me remonta a esa tarde. Si no es Goetze es Palacio, si no es Messi es Kroos, si no es Mascherano es Higuain…


No alcanza, no es suficiente,  el penal atajado a Gigliotti y la Recopa, son sólo unas simples dosis de morfina de esta tristeza que me acompañará por el resto de mi vida.

Esta sensación de tristeza es tan profunda que cada vez que veo la camiseta azul alternativa de la selección, me genera un vacío y un malestar en el estómago que solo se diluye pensando en la letra de alguna canción noventosa  preferentemente de los Parchis o Azúcar Moreno.

Es como la muerte de un familiar de segundo grado, es hasta incluso peor que el descenso, porque esa es la gran diferencia entre una temporada con el club de tus amores y un Mundial, mientras que en un torneo doméstico te recuperás de los traspiés en un año, el mundial te da revancha cuatro años después.

Ya no me interesa la consagración profesional, la salud, el auto, la formación de una familia, solo le pido a Dios, Ala, Sai Ba Ba, Ganesha o Kung Lao, la posibilidad de ver a Argentina Campeona del mundo. No debe existir placer más grande que ese, ya que tu país estaría en la cima del deporte más importante del Universo durante cuatro años. Hay cosas que llegan solas con el paso del tiempo, el primer amor, un trabajo reconfortante, un hijo, la casa, el viaje a Disney para ver a Goofy , un logro personal,  todo eso es parte de la vida, las buenas y las malas son en sí hechos de nuestra experiencia en este mundo. En mayor o menor medida todo llega, en distintas intensidades y contextos, todo está ahí dando vueltas a punto de caer o posponerse, pero un mundial no.


El mano a mano de Higuain, el sombrerito fallido de Palacio, la de Messi contra el palo, son como los Flashbacks de Rocky cuando vuelve de Rusia tras la pelea con Drago, los recuerdos de Ashton Kutcher en el Efecto Mariposa o los tatuajes en Memento.

Y sigue, sigue y seguirá hasta Rusia 2018 o Qatar 2022.  Permanece, se retuerce, y se acrecienta como una enfermedad terminal cuya única cura es que algún capitán representante de la selección nacional levante esa copa, maldito trofeo que le da la razón de existir a muchos, incluido este descerebrado que escribe. Pero, el motivo de este artículo no está basado en hacer una catarsis pública ni mucho menos en revelar los más oscuros y mediocres pensamientos de mi psiquis.

Hoy quiero expresar mi indignación hacia aquellos cipayos, pero no los de índole política, económica o burocrática que vendieron el país. Desafortunadamente se ha escrito mucho de ellos desde la época de las invasiones inglesas hasta nuestros días. La razón por la cual escribo estos párrafos es para expresar mi profunda indignación hacia aquellas personas que denominó como  “Cipayos futbolísticos”.

Tras ausentarme del país durante casi tres años, volví del viejo continente con un espíritu de argentinidad renovado, potenciado, inmenso, que me hace ver todo bien.  Es por esa circunstancia que pienso que estamos en el país más grandioso del mundo. No me importa si los choferes del 71 nunca sonríen, si el pibe del kiosco se hace la América cobrándote ilegalmente un peso por la recarga de la Sube, si el Clight Manzana deliciosa aumenta cada semana o si el santiagueño de la esquina se divierte como nene en pelotero hablándote de la sección policiales. Esto no me afecta, ya que veo todo color de rosa, perfecto, maravilloso, como si estuviera en una luna de miel mental. Pero, el problema no es lo que acabo de describir, lo que me entristece es la falta de sentido de pertenencia de muchos personajes urbanos que utilizan la camiseta de Alemania para pasearse por la calle.

No lo puedo concebir, no me entra en la testa, lo veo inadmisible ya que es inclusive peor que vestirse con una casaca de Inglaterra. Al menos a los británicos los tenemos de nietos en el futbol,  ¿pero Alemania? , ¿la misma que nos dejó afuera en tres mundiales seguidos?, ¿la misma que nos robó en el 90?, ¿la misma que se burló de nosotros en los festejos de su último mundial?. Es tan inexplicable y burdo como si viese a alguien usando una camiseta con la insignia “Keep Calm and Support Margaret Tatcher”.


Todo comenzó un día cuando me dirigía hacia el barrio porteño de San Telmo. Previo pasó por el Microcentro me crucé con un joven de unos quince años que lucía una camiseta blanca de Alemania. Sus números estaban muy desgastados, estimo que por el frecuente uso de la misma. Inicialmente me ofusqué un poco, pero, teniendo en cuenta su prematura edad y su obvia falta de contextualización me apiade internamente de él. Continúe rumbo hacia el barrio empedrado, con una mueca que se esfumó con el paso de los minutos.


Una semana después, ya asimilado el shock de ver la camiseta de Ozil en el microcentro, me topé en el barrio porteño de Almagro con un señor de unos treinta años que estaba paseando a su hijo con la misma casaca que utilizo Alemania en la final del año pasado.  No lo podía creer, sentí una gran decepción ante mis ojos, pensé que ya no era una casualidad, ya no era uno, eran dos las personas que tenían entre sus pertenencias la camiseta teutona. La misma que debería ser prohibida y vetada del acceso al público local. El caso aislado comenzaba a hacerse tendencia, silenciosa, pero tendencia al fin.


Continúe a paso firme hacia la parada del gran y contundente 15, Ramal Benavidez. Me senté en el fondo. Necesitaba aire fresco para comprender tamaña traición a nuestros colores. Pasaban los minutos y el siempre efectivo y veloz 15 arribaba a las inmediaciones del puente Saavedra. Ya había pasado el temblor, ya empezaba a comprender que esta tendencia silenciosa, no era más que una consecuencia de los metamensajes de los medios masivos, y que aquellas dos personas no eran más que víctimas del bombardeo mediático ejecutado por las súper potencias occidentales.

Chomsky, Laclau y Galeano me consolaban en mi pequeño rincón del transporte público y me hacían entender que nada es casual. La calma volvió, atrás quedó ese mal momento que me tocó vivir en el barrio de Alfonsina Storni, hasta que nuevamente  y pocos a metros de distancia de mi asiento apareció otro cipayo futbolístico con la indumentaria alemana. Tras decir “3,50” se sentó en el primer asiento para embarazadas y discapacitados vistiendo el uniforme germano de la edición “Eurocopa 2008”. Ya no era una cuestión de clase social, ubicación geográfica o ascendencia étnica.  Esa camiseta de por entonces tres estrellas (hoy cuatro) comenzaba a ser protagonista de mi cotidianeidad porteño-bonaerense. Flores, Almagro, Vicente Lopez, Puente Saavedra, el Microcentro entre tantos otros lugares eran testigos de esa traición a nuestros colores, a nuestra historia, a nuestros próceres que tanto lucharon por poner en alto nuestra bandera.


Los símbolos de la selección alemana están en todos lados, en un bolso, en un pantalón corto, en una carcasa de celular e incluso en una estampa con el nombre de Klose, quien nos viene haciendo servicio completo desde hace varios mundiales.

Para finalizar, quiero aclarar que no es mi intención estigmatizar a esas personas que se pasean alegremente con los colores de la selección que nos arrebató tantas alegrías. Pero, no me gustaría pensar que como argentinos nos estamos convirtiendo en cipayos culturales, no solo en lo socioeconómico sino ahora también en lo folclórico. Somos una potencia en materia futbolística como en tantas otras disciplinas, es por eso que me pregunto, el porqué de la admiración encubierta hacia otros colores que no tienen nada que ver con nuestro ADN social.


El paso del tiempo y mis conclusiones, me llevarán a determinar el porqué de este fenómeno que no parece detenerse y no discierne entre edad, condición social, status económico o ubicación geográfica. No en vano dijo alguna vez, Arturo Jauretche: “Si malo es el gringo que nos compra peor es el criollo que nos  vende”.

lunes, 30 de marzo de 2015

Massa de cara a las presidenciales

¿Más o menos?


En las últimas semanas, tras concretarse el tan inesperado como temido acuerdo UCR - PRO, el intendente de Tigre sufrió de manera repentina una significativa baja en la intención de voto de acuerdo a la mayoría de las encuestadoras entre las que se encuentran la de Ricardo Rouvier y Poliarquía que lo ubican tercero detrás de Scioli y Macri.

El mapa político y electoral argentino es tan variable y cambiante como la política misma. Es por eso, que hablar de polarización es muy repentino si tomamos en cuenta que el ex jefe de gabinete que hoy tiene un promedio de voto cercano al 20 %, hace 3 meses se ubicaba al tope de las encuestas con un 30 %.


Para hacer un poco de memoria y situarnos en tiempo y espacio, es necesario saber que en la política Argentina, siete meses es una eternidad, lo que en cualquier otro país equivaldría a años en la misma circunstancia. Sin embargo, todo puede darse vuelta en el momento menos pensado. Recordemos, por ejemplo, que tras la renuncia de Fernando de la Rua en 2001, el presidenciable con mayor intención de votos era el por entonces gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, quien meses más tarde se bajaría de la candidatura por falta de popularidad.

Pero, ¿Cómo explicar la baja de intención de voto en un candidato que hasta hace poco era el niño mimado de todos los medios opositores y hasta Estados Unidos? Este fenómeno no es una regla de tres simple que se explica en dos pasos, la realidad indica que el electorado tiende a depositar su confianza en la persona que más solidez transmita no sólo en lo discursivo sino también en la capacidad del aspirante en la construcción de un espacio político.

Es aquí, justamente, donde el ex titular del ANSES falló. Veamos el caso de Macri quien por un lado formó bloques con la UCR, Elisa Carrio, Carlos Reutemann y Luis Juez, mientras que el líder del Frente Renovador perdió a dos de sus piezas clave del conurbano como son Martin Insaurralde y el intedente de Escobar, Sandro Guzman. Como si esto no fuera suficiente para la caída de imagen del tigrense, las incorporaciones del mercado de pases político del Frente Renovador han sido no menos que erróneas al incluir personajes desgastados y devaluados de la política actual como, Gerardo Morales, Francisco de Narvaez  ¡pobre Giustozzi! , Mónica López y Guillermo Nielsen en la ciudad de Buenos Aires.

El objetivo principal del Frente Renovador de cara a lo que viene en la carrera presidencial será básicamente mantener la estructura bonaerense, ya que el 40 % del padrón electoral se concentra en la provincia de Buenos Aires y tanto Massa como sus allegados tienen todas las herramientas para solidificar esa estructura siempre y cuando los “barones del conurbano” no le suelten la mano ante la disminución de popularidad. Aquí, es donde se encuentran las claves de la campaña de Massa, en mantener felices y cerca a los siempre cambiantes y ambivalentes caudillos de la provincia y en bloquear el avance de Macri en la misma (Cariglino) y de Scioli (Insauralde y Guzman).

Otro de los factores que han perjudicado la imagen pública de Massa en los últimos meses fueron las exageradas burlas a su spot publicitario denominado en las redes sociales como “Tajai” donde todos los medios incluyendo al mismísimo Tinelli se mofaron de su forma de hablar y gesticular.

A ésto también hay que sumar la sorpresiva inmunidad mediática de Daniel Scioli, que parece paradójicamente estar protegido por el grupo Clarín y al intento desesperado de la prensa en general de crispar al electorado con un escenario de blanco o negro sin chances para los grises. El ex jefe de gabinete, hoy, mantiene una imagen pública de kirchnerista arrepentido y es en este punto donde corre con desventaja con Mauricio Macri.

Massa ha sabido capitalizar en sus discursos y propuestas que los problemas que más afligen a la sociedad argentina son la Inflación y la inseguridad. Estos dos aspectos son constantemente citados por el tigrense como los temas más urgentes a resolver. De hecho es el único candidato que se atreve a declarar con marcado énfasis su plan para combatir el crimen y el narcotráfico. El problema no radica en el "que" si no en el "donde", ya que el candidato presidencial suele utilizar frecuentemente como plataforma de campaña, espacios y horarios televisivos no muy ligados a la politica en la mañana y tarde de "America 2".

Al mismo tiempo y refriéndonos al rubro económico, el Frente Renovador tiene entre sus filas a Roberto Lavagna, considerado por la sociedad como el mejor ministro de Economía de los últimos tiempos. Sin embargo el hombre que manejo las finanzas argentinas por casi cuatro años, con tasas de crecimiento del 8 % anual, inflación baja y superávit fiscal, se mantiene con un perfil bajo hasta ahora inexplicable.

Situación similar ocurre con la diputada multipremiada por su labor parlamentaria, Graciela Camaño quien tiene efímeras apariciones mediáticos en representación del Frente Renovador.

Actualmente, todas las encuestas dan como ganador a Massa en un escenario de balotaje, pero primero para que esto ocurra el bonaerense debería tener una intención de voto similar a la de unos meses atrás.  



El massismo deberá dar un golpe de timón para no perder terreno ya que la popularidad de Scioli sigue intacta y la Clase Media está inclinándose poco a poco hacia Macri. Es por este motivo que la única manera de volver al terreno de juego es mediante una sociedad con los caudillos del interior como Rodriguez Saa y Jose Manuel De la Sota ya que estos garantizan algo que el PRO carece, federalismo.

Una eventual implosión de la coalición PRO-UCR es otro de los puntos que podrían favorecer las aspiraciones de Massa, ya que no hay olvidar que Elisa Carrio ha criticado en los últimos días a Mauricio Macri, por su método de financiación y Sanz no para de ser desestimado públicamente por el ex presidente de Boca. 

En la recta final de la carrera presidencial y a pocos meses para las PASO, el camino hacia el sillón de Rivadavia seguirá su curso y por ahora son tres los candidatos que se lo disputan. En tiempos donde cada decisión es irreversible y los medios de comunicación impulsan una crispación sin medias tintas, el intendente de Tigre deberá decidir si ir por todo, refugiándose en la estructura conurbarense y ampliando su relación con el Peronismo Federal o simplemente conformarse con la provincia que no sería más que un premio consuelo para sus aspiraciones.