Cinco de la mañana…las luces se
empiezan a encender, la gente emprende rumbo y la música comienza lentamente a decaer
en su volumen. Mis amigos ya partieron, algunos victoriosos y otros con las
manos vacías. Como un optimista de la noche, me resigno a tirar la toalla y
abandonar el barco. Busco y busco pero no encuentro, las barras están cerradas
y para colmo el sol empieza a sumergirse en el antro.
En la recorrida final que
determina la suerte de mi noche, avisto a lo lejos una solitaria muchacha que
observa con muchos signos de impaciencia, cómo su despampanante amiga
intercambia palabras con un veinteañero de muy buen aspecto.
A medida que me voy acercando a
la barra noto que la señorita inquieta por irse no posee los estándares de
belleza promedio ni mucho menos los kilogramos de una modelo de Victoria
Secret.
Al acercarme, observo que la
chica en cuestión, posa su mirada sostenidamente en mi. Dicha situación me
obliga a recluirme por unos momentos en el baño para delimitar la estrategia que
cambiará el curso de la noche.
Ya tomé la decisión, le voy a
hablar, no me importa si después de que pase algo borro su número o bloqueo sus
llamadas, no hay sensación más triste que terminar una noche en los carritos de
la costanera norte comiendo una bondiola completa con Pepsi light.
Dejo el baño que por segundos fue
mi centro estratégico y encaro al objetivo de la “operación descarte”. A medida
que me aproximo a la presa, mi estómago prácticamente en ayunas me demanda
inmediatamente una buena dosis de hidratos de carbono. Ya no hay más tiempo, o
una cosa u otra. La churrusquita y rendidora “bondiocompleta” o la compañera
fugaz nocturna. Esta dicotomía sumada al trajín de la noche y el Fernet de
marca alternativa provocan que mi visión se opaque y no pueda mantenerme en
equilibrio…siento que la cabeza me está por explotar, intento mantenerme en pie
pero en cuestión de segundos me desplomo en el suelo como si hubiese recibido
una trompada de Pacquiao…
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Abro los ojos y no veo a nadie,
no sé dónde estoy, ya no estoy más en el boliche de Costa Salguero y sólo puedo
distinguir a mi alrededor mapas, escarapelas y posters de próceres patrios.
¡Estoy en un cuarto oscuro! No sé ni cómo ni cuando llegué ahí pero el destino
quiso que así fuese.
Me recompongo lentamente y me
acerco a una mesa donde me encuentro con dos papeletas de distintos colores.
Agarro con mi mano izquierda una
boleta de color naranja y con mi otra mano la amarilla.
Las veo, las comparo y las
analizo detenidamente… no puedo traicionar a mis principios cívicos con el
simple e indiferente voto en blanco. Mucha gente a lo largo de la historia moderna
sacrificó sus vidas para que hoy tuviéramos una democracia.
Continúo leyendo las boletas... y
veo detenidamente que la naranja que me muestra el final de un ciclo, el
patoterismo, la falta de diálogo, la ignorancia, el feudalismo, la falta de
obras, la economía desfasada, la soberbia y por sobre todas las cosas la
corrupción.
Una vez sacadas mis
conclusiones con la boleta de color bonaerense
veo la amarilla, y el panorama no es muy distinto. Este papel de color patito
me muestra la vuelta a una época nefasta de nuestra historia, las relaciones carnales,
la privatización de todo, los despidos masivos en el sector público, ajuste, pérdida
de la identidad nacional, falta de soberanía y endeudamiento.
Empiezo a ponerme nervioso
nuevamente, no voy a despilfarrar mi voto, pero tampoco quiero votar el pasado
conservador ni el presente populista, quiero un punto intermedio para mejorar
lo malo y afianzar lo bueno.. Pero lamentablemente, en la Argentina nunca hubo
espacio para los grises.
Nuevamente comienzo a marearme, estoy por perder el control de mi cuerpo y en el momento de sufragar… me levanto en mi casa de Vicente López, junto a mi mesa de luz veo los restos de una bondiola completa que seguramente he de haber comprado en la costanera y junto a la misma veo un mensaje de texto de la chica de la barra…
Falta poco, y el destino del país
se divide entre el peor pasado y el mediocre presente… habrá que pensar bien
qué hacer y a quién elegir, mientras tanto a seguir meditando el voto…