viernes, 31 de julio de 2015

"Eran hermanos"

Rodolfo Walsh


Hay recuerdos de la niñez que nunca olvidaré. Entre ellos, algunos relacionados con ciertas costumbres que -supongo- caracterizan los hábitos de toda familia. Siempre me pareció curiosa la abrumadora cantidad de papeles y libros de nuestros estantes que salvo en el baño y la cocina, están adheridos a las paredes de cada habitación. A la manera del panóptico de Benthmn construido para vigilar mejor a los presos, nuestra casa fue edificada en función de kilos y kilos de interminable papel y todo tipo de libros.

Hace más de quince años murió mi abuela, y su herencia radicó en este lastre que tiene entretenida a mi madre desde entonces. Con su paciencia de criolla mansa, se ha dedicado a ‘hacer cajas” como ella llama a su autoimpuesta tarea y a buscar a quien regalar lo que supone -y hace bien- no nos interesa ni a mi hermana ni a mí. Tirar, donar o clasificar son maniobras que ya forman parte de su vida. Es que no quiere dejarnos la misma pesada herencia que ella recibió.

Esto a tal punto, que se ha prohibido y le ha prohibido a mi padre que es docente comprar más libros. “¡Arregláte con lo que tenés!’ pontifica de vez en cuando aunque mi padre no le haga caso.

Hace poco releí Operación Masacre. Lo leí por primera vez en 5° año y quedé impactado. Si hoy tuviera que optar por un libro preferido, hasta ahora no dudaría en elegir esta obra maravillosa de Walsh. Estoy cansado de las aventuras todas iguales, que cuentan siempre la misma historia del cine de la lejana América, más allá del río Grande. Haciendo zapping, la semana pasada, encontré ya empezada la película que dirigió Jorge Cedrón en 1971 y terminó en agosto de 1972.

Quien supuse había hecho la presentación, hombre de blancos cabellos y barba, como al pasar comentó al final de la proyección: ‘Disculpen, pero omití recordar la figura de J’ ulío Troxler, que es quien logró escapar de la masacre y participa en la película haciendo de él mismo. Luego, como al pasar remató diciendo: ‘un año después de filmada la película, en 1973, la triple A acabará con él“. No sé por qué pero esa poca atención sobre su figura me molestó. Alguna especie de pálpito me hacía asociar ese apellido Troxler con Florida, los papeles de la abuela y un lejano recuerdo unía todo aquello con un hilo conductor indefinible.

Florida, juego de truco, interminables tenidas y ríos de Ginebra Llave me llevaban de la mano a más recuerdos. Ese apellido lo leí en algún lugar, en casa, en las cajas con los papeles de la abuela.

El verano pasado, como siempre, lo pasé en mi casa paterna. De regreso al pago-panoptico, donde perdia un poco mi libertad de estudiante, aproveche la situación para preguntarle a mi madre si el apellido Troxler le “sonaba”. A lo que parcamente contesto sin mirarme siquiera: “Caja Actas Notariales El Chango SRL”. Respire profundo, no veía intención alguna de parte de ella en ayudarme. Me arme de paciencia y me dispuse a leer media vida de actividad comercial de mi abuelo para encontrar, por fin, lo que buscaba. Troxler… Otto Troxler. – “! Mama! ¿Me podes decir que hacia el abuelo con Otto Troxler?” – “Otto trabajaba para el abuelo”. – “¿Y que era Julio Troxler de Otto?” – “Eran Hermanos” contesto con toda naturalidad. –“Se estas dispuesto a escuchar, sentate, pero antes: ¡HACE CAFÉ!” Pasamos una tarde para el recuerdo.

Contenta porque había donado 127 libros, todavía le faltan anaqueles completos de colecciones. Los discos de pasta…Rodeada de cajas y papeles para clasificar, mientras las liberaba de mis preguntas, la escuche murmurar entre dientes – “¿A quién corno le enchufo las novelas policiales de Molino?”

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